lunes 3 de agosto de 2009

El beneficio de la duda

En el último post hablaba de un niño que lloraba, algunos pisos por debajo del mio ¿os acordáis? El caso es que lleva meses llorando todas las mañanas. Llora y llora con desesperación hasta que, supongo que agotado, deja de llorar uno o dos minutos y vuelve a empezar.

Su llanto es tan fuerte y sus gritos tan desgarrados que -aparte de que te acaba afectando en el ánimo- uno termina pensando mal. Sobre todo porque por las tardes parece que no llora. Y uno piensa: ¿será que le dejan solo?

Tengo una vecina que lleva toda la vida viviendo en mi edificio, justo por debajo mía. Antes de llamar a la policía, me decido a hablar con ella, a ver si ella sabe qué puede pasarle a ese niño. Me dice que conoce a los padres desde hace tiempo. Que no le dejan solo porque los dos están sin trabajo, y que están muy preocupados y cansados porque el niño no deja de llorar y no saben qué le pasa.

Mucho más tranquilo, me olvido de llamar a la policía.

Me pregunto: si los padres del crío hubieran sido un matrimonio del mismo sexo, ¿le habrían dado sus vecinos el beneficio de la duda?

domingo 26 de julio de 2009

Una voz tranquila

No sé si os habéis dado cuenta, pero hay algo en los últimos anuncios publicitarios de Vodafone. Concretamente la voz de la chica. La verdad es que tal y como está el mundo de la televisión últimamente, es de agradecer que una persona te hable así, con tranquilidad, sin prisa.



Casi te olvidas de que te está vendiendo algo. Resulta refrescante, como si hubieras metido la cabeza debajo del agua y ya no pudieras oir esos mensajes llenos de estímulos que, a ritmo vertiginoso, intentan convencerte de que compres cualquier cosa, porque sí, porque puedes tenerlo todo, y puedes tenerlo ya. Sin gritos ('¡¡¡¡Voy a venderlo todoooooo!!!!), sin lenguaje grosero ('Yo leo Loka, y lo demás me lo toca'). Es verano y tengo la ventana abierta. Un niño o niña de unos dos años lleva toda la mañana gritando sin que aparentemente a sus padres parezca molestarle. A mí me dan ganas de grabar este anuncio muchas veces seguidas y ponérselo al crío como si fuera una nana, a ver si se calma.

lunes 20 de julio de 2009

Mi manta de cuadros y mi riego por goteo

'Eres mi manta de cuadros y mi riego por goteo', le decía yo a mi marido en un poema -que él no encuentra-, hace ya casi nueve años.

Eso es lo que mi marido era y es para mí. Y lo que espero que siga siendo siempre. Alguien a quien adoro y que me quiere con la constancia del árbol, del río, y de todas las cosas pacientes, tranquilas, incluso algo testarudas.

Quizá por quererlo y sentirme querido de esta manera, no acierto a comprender a esas parejas cuya relación parece basada en hacerse daño la mayor parte del tiempo. Me parece inadmisible faltar el respeto en público o en privado a alguien con quien compartes tu vida. No es que piense que al amor no haya que ponerle chispa, pero algunas personas parecen convencidas de que esta chispa se basa en vender caro cada gesto de ternura, cada guiño de complicidad, y yo por ahí no paso ni he pasado nunca.

Como estuve tantos años sin pareja ni nada que se le pareciera, algunos empezaron a preguntarme: "¿Tú que es lo que quieres?" "Quiero alguien que no me persiga con el coche -respondía yo".

Una vez fue en Guardamar (Alicante). Estaba con unos amigos en casa de una pareja a los que apenas conocía. De pronto esta pareja empezó a pelearse. Salió uno de ellos y se marchó en su coche. Poco después, el segundo. Mi amigo Kike se vistió corriendo y para acompañar a este último. Cuando volvieron, me dijo que habían estado a punto de matarse por las carreteras secundarias de la huerta, llenas de curvas. A la mañana siguiente, desayunamos todos juntos, y la pareja estaba tan normal, deshaciéndose en carantoñas.

La otra vez fue peor. Estaba con mi amigo del alma en su casa, y se empeñó en llevarme a casa. Cuando noté que daba un rodeo, le pregunté a dónde íbamos. 'Voy a parar para ver a Manolo' me dijo. Manolo era su novio. Resultó que estaba en un bar, con otro tío. Mi amigo aparcó en la puerta del bar y entró. Vi salir a Manolo, y meterse en su coche saliendo a toda pastilla. Detrás salió mi amigo, que arrancó y le siguió por toda la ciudad hasta arrinconarle en una calle estrecha. Allí se bajaron los dos de los respectivos coches, y detrás de vociferar y despertar a los vecinos acabaron besándose apasionadamente. Mientras, yo, en el coche, me juraba a mi mismo dos cosas. Que nunca volvería a hablar con mi amigo después de hacerme partícipe de aquello, y que quería estar con alguien que no me persiguiera con el coche.

Gracias a la vida, encontré a un hombre que me quiere con leñura, que es mi manta de cuadros y mi riego por goteo.

viernes 10 de julio de 2009

Luz que nos une

Hace unas semanas, después del último atentado mortal de ETA, hablaba con un amigo del nacionalismo. Le comentaba lo difícil que me resulta comprender a los nacionalistas. Entre las causas creo que el hecho de ser homosexual ha debido influir mucho. Siempre ha habido demasiada gente empeñada en hacerme sentir 'extranjero', y supongo que tengo claro que, sea en la España que vivimos, sea en cualquier otra, resultado de una fragmentación, eso no iba a ser diferente. Así que para qué desarrollar un 'orgullo patrio', cuando estamos tan necesitados de defender nuestro Orgullo LGTB.

Seguramente también influye el hecho de ser andaluz. A este amigo con el que hablaba, le preguntaba yo: ¿dónde estábamos los andaluces cuando todas las sucesivas culturas que han pasado por aquí nos invadían? Probablemente de fiesta, le dije, jaja. Aunque también es muy posible que estuviéramos trabajando muy duro para luego poder irnos de fiesta.

Paradójicamente, cuando he viajado, nunca me he sentido 'extranjero' (o más 'extranjero' que en mi propia tierra). Claro que hasta ahora lo más lejos que he viajado ha sido Londres (al Norte), Lisboa (al Oeste), Barcelona (al Este) y La Línea de la Concepción (al Sur). De haber ido a la India o a algún país muy pobre o muy exótico me habría sentido necesariamente diferente.

No obstante, el año pasado, durante mi visita a Asturias. Estaba contemplando el atardecer en Cudillero, y algo extraño pasaba con la luz. Algo que no acertaba a comprender. Hasta que me di cuenta de que el mar que estaba viendo estaba al Norte, y no al Sur, como el Mediterráneo. El sol que caminaba hacia su puesta estaba a la izquierda en lugar de a la derecha, y aunque pueda parecer una tontería, supongo que la luz es tan importante en la vida de los pueblos mediterráneos que la ausencia de ella, su diferente intensidad o el hecho de que venga de otra dirección puede hacerte sentir 'extranjero'.

Pero también al contrario. Puedes sentirte en tu casa en una playa al otro lado de Europa, y mira que es grande. Tal vez por eso no comprendo ese nacionalismo basado exclusivamente en engrandecer lo que te hace diferente, sin reflexionar acerca de lo que tienes en común con personas que viven en otros lugares.

domingo 5 de julio de 2009

Mi orgullo

Hace bastantes días que no escribía en el blog. Supongo que intento darle a los posts un mínimo de estilo. Tampoco que estén inundados de poesía, no le hago ascos a una buena dosis de humor. Pero lo que ha estado pasando estos días, con la derecha, los medios de comunicación, incluso la asociación autoproclamada gay Colegas, arremetiendo contra el Orgullo, con el intento de boicotearlo por parte del ayuntamiento de Madrid... En fin, que lo único que me salía era mala leche.

El viernes tuve una conversación con mi madre. Durante más de media hora ininterrumpida, estuvimos hablando en serio y sin tapujos de temas LGTB, de todas las cosas por las que tenemos que pasar y que muchas veces ocultamos a los padres para que no sufran, desgranando uno a uno los 'argumentos' (no todos, porque no habría tiempo) que la derecha y la iglesia católica utilizan contra nosotros y rebatiéndolos. Le descubrí (ellos se informan a través de la COPE y hay cosas que no saben) cosas como que el Vaticano se había negado a apoyar la declaración de la ONU por la despenalización de la homosexualidad, le hablé de lo que dijo Polaino en el senado. De los niños acosados en el colegio por su orientación (incluído yo), de las personas transexuales y su problemática… Casi acabamos llorando los dos. Fue la conversación más larga acerca de estos temas que he tenido nunca con uno de mis padres. Ayer no pude estar en el orgullo en Madrid, pero ya he tenido mi porción especial de orgullo (como se suele decir, yo me siento orgulloso todo el año)

Supongo que mi padre es otro cantar. Los años van pasando y me pregunto si alguna vez dejará a un lado la vergüenza y le veré enfadarse por los insultos que suelen dedicarnos a los LGTB desde su emisora amiga. Y es una pena porque el tiempo, como ya os digo, va pasando. Me da miedo de que se vaya sin haber tenido la posibilidad de tener con él una conversación como la que tuve con mi madre.

En fin, tal vez para el Orgullo 2010. Un beso a tod@s

jueves 18 de junio de 2009

¿Accesorios?

El martes pasado, mi columna semanal en dosmanzanas se titulaba 'Accesorios'. Hablaba sobre la pluma, y sobre las causas por las que acabamos discutiendo acerca de ella, a veces demasiado acaloradamente. En los comentarios hablaba yo de la 'pluma' como accesorio, esa pluma que vas adquiriendo según vas acumulando vivencias fuera del armario, y que está formada por elementos de aquí y de allá de los cuales, no todos escogemos los mismos. Y luego está el 'amaneramiento' o 'afeminamiento', como ese indefinible conjunto de rasgos que 'nos delatan', sobre todo cuando somos adolescentes, incluso niños, y aún no hemos dicho 'aquí estoy yo'. A algunas personas este 'amaneramiento' de los primeros años (que en muchas ocasiones copias, como decía mi amigo JOse el otro día, de la repelente de tu prima) nunca les abandona, pero lo normal es que cuando completas tu 'proceso' de autoaceptación haya una especie de 'cambio de piel' en el que cambias 'amaneramiento' por 'pluma gay' (para hablar de esto tengo un problema con la terminología). Curiosamente, algunas personas que nunca han abandonado el 'armario' (los casados, por ejemplo) nunca pierden esta afectación infantil (me estoy acordando ahora de cierto cantante casado con cierta aristócrata).

A la 'pluma gay' yo la identificaba con un accesorio que te puedes poner y quitar más o menos a tu antojo si la ocasión lo requiere. Claro, que a veces estamos tan acostumbrados a llevarla puesta, que no nos damos cuenta de que la llevamos. Me acuerdo que un día, mi amigo José Luís y yo, estábamos explicándole a mi marido el significado de la palabra 'ehgalasar' (arañar), típicamente cordobesa y que él, como buen malagueño, no comprendia. Mi amigo se puso a conjugar el verbo: 'Ehgalasar... Arañar, de toda la vida... Yo ehgalaso, tú ehgalasas, ella ehgalasa'... Mi amigo directamente prescindió del masculino. Cuando nos dimos cuenta, nos hartamos de reír.

Y es que los accesorios a veces los llevas puestos y no te das cuenta. Como mi madre, que se olvida de que lleva las gafas de sol dentro de casa y no ve tres en un burro.